¿Deberías dejar tu trabajo? Hay una razón por la que estás luchando tanto con esta pregunta. Estás sopesando todos los factores (estabilidad, satisfacción y nivel de ansiedad, por nombrar algunos) y comprendes que una decisión de “sí” o “no” viene con su propio conjunto de consecuencias y beneficios. También es probable que experimentes parálisis de análisis o, en otras palabras, que estés pensando demasiado en lo que te impide seguir adelante. Cuando tienes parálisis del análisis, piensas que todo es de importancia ‘nivel 10’, pero una vez que te tomes el tiempo para asignar puntos a ciertas cosas, podrás determinar qué es lo más importante para ti.

1. Un entorno de trabajo tóxico pone en riesgo tu salud

Quizás una de las razones más indiscutibles para dejar tu trabajo es si está afectando negativamente tu cuerpo, mente o ambos. Lidiar con una cultura de trabajo tóxica, un gerente o un compañero de trabajo día tras día puede llevar al agotamiento y exacerbar los problemas de salud crónicos.

Tienes que considerar tu salud emocional y mental. Si no puedes llevar tu mejor yo al trabajo, que es una versión saludable de ti misma, entonces no vas a hacer tu mejor trabajo. Pero antes de dedicar tus dos semanas, ten en cuenta que cada trabajo fluye y refluye, por lo que es crucial distinguir entre una experiencia de aprendizaje desafiante y una situación tóxica.

2. El trabajo ya no se adapta a tu vida

Es normal que las cosas que disfrutabas de tu trabajo cambien a medida que cambian tus circunstancias o prioridades. Quizás viajar solía ser una parte emocionante del trabajo, pero ahora te resulta agotador. Quizás te mudaste más lejos de la oficina y tu viaje que alguna vez fue fácil se ha convertido en una pesadilla. O quizás hayan desaparecido ciertas ventajas del trabajo, como la flexibilidad de trabajar desde casa o la capacidad de establecer sus propios horarios. Es importante evaluar qué tipo de trabajo se adapta a tu estilo de vida actual.

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3. No sientes un propósito

En un estudio de LinkedIn de 2019, el 35% de los 3.000 profesionales encuestados dijeron que la principal razón por la que no les gusta su trabajo es que no tienen un fuerte sentido de propósito. Los profesionales pasan 90.000 horas de su vida adulta trabajando, y muchos de nosotros queremos que ese tiempo cuente. Pregúntate: ¿Comparten tú y tu empresa los mismos valores? ¿Estás orgullosa de hablar de tu trabajo? ¿El trabajo se siente valioso? ¿Sientes que estás haciendo algo significativo, por pequeño que sea?

4. No tienes influencia

Tener “influencia” no implica necesariamente que seas la jefa o poseas poder de decisión sobre los demás. Se trata de tener voz en tus responsabilidades diarias y sentir que tienes un impacto. Pregúntate, ¿tienes influencia sobre tu propio trabajo? ¿Puedes tener una conversación abierta y honesta con tus gerentes y compañeros? En esas conversaciones, ¿se escuchan sus opiniones? ¿Se tienen en cuenta tus recomendaciones? La perspectiva de influencia de cada persona puede ser diferente, pero la influencia a menudo tiene que ver con el respeto y es la naturaleza humana querer sentirse respetado.

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